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Largometraje documental

El mar

José Luis Aparicio Ferrera

Fotograma de El mar

Sinopsis

Cuba, 1964: dos jóvenes deciden su futuro, emigrar o permanecer, mientras recorren la playa de un poblado en ruinas. España, 2022: un matrimonio de cineastas exiliados recupera fragmentos de una película perdida. Cada pareja sueña a la otra, el amor es el mismo, aunque es distinto el mar que las rodea.

Proyecto

Fernando y Miñuca Villaverde son una pareja de cineastas cubanos retirados en España. Hace años que no usan una cámara, aunque la vieja Bolex de 16mm que compraron en Nueva York permanece escondida en algún cajón de los traídos desde Miami. Eso no evita que de vez en cuando incursionen en el cine. Miñuca me confiesa que, en algunos momentos del día, mientras espera la compra o descansa en un parque, o cuando observa el comportamiento de la luz sobre los muebles de la sala, imagina que ella es la cámara y su visión registra una película instantánea y fugaz, sin cortes. Una de esas obras que ella denomina films mentales.

Miñuca Naredo, pues ese era entonces su apellido de soltera, conoció a Fernando cuando este integraba la nómina del naciente ICAIC, el instituto oficial de cine creado por la Revolución Cubana justo después del triunfo en 1959. En aquel momento Fernando dirigía documentales didácticos y Miñuca soñaba con ser actriz. Poco después se casaron y dieron inicio a toda una vida y carrera en común. Juntos crearon El parque (1963) y Elena (1964), dos de los cortometrajes más originales y hermosos del cine cubano de la época, pero prácticamente desconocidos y aún sin un estreno formal.

Su ausencia de militancia ideológica hacia el proceso revolucionario, su énfasis en el mundo interior y la psicología de los personajes, así como su esteticismo afrancesado y subjetivista provocaron que ambas películas cayeran en el limbo de la censura y el olvido, en un país donde el realismo socialista pronto devendría en la estética oficial. Su primer largometraje, El mar (1964), fue truncado luego del primer corte de edición y hasta la fecha ha sido imposible recuperar alguna copia. Fernando y Miñuca abandonaron el ICAIC en 1965 y luego marcharon al exilio. Estuvieron por España y Francia para terminar asentándose en los Estados Unidos, donde vivieron primero en Nueva York y después en la Florida. Nunca han regresado a Cuba ni tienen planes de hacerlo.

Durante esta diáspora inacabable continuaron su obra cinematográfica. Se unieron a la movida experimental del cine neoyorquino de finales de los 60 y principios de los 70, produciendo obras de marcado carácter vanguardista como Apollo, man to the moon (1970, de Fernando) y Poor Cinderella, still ironing her husband shirt (1978, de Miñuca) donde exploran temas como el desarraigo, la feminidad y el erotismo. La obra cinematográfica de ambos permanece en la casi absoluta oscuridad.

Estas películas (también el acto de su descubrimiento) constituyen la influencia artística más notable que he recibido en los últimos tiempos. Adentrarme en una poética orientada a la experimentación y al universo de lo subjetivo, única en el cine cubano, me ha permitido establecer un lazo genealógico. Comunicarme con ellos de manera constante, a través de correos electrónicos y video-llamadas, ha terminado por constituir una familia.

El mar, nombrada en alusión al filme perdido, es una propuesta de naturaleza híbrida. Por un lado, se dedica al reenactment (o reconstrucción) de dicha película. Se recrea esta obra mutilada, a partir de los fragmentos que sobreviven: el guion, la música, su misterio… Esta película maldita es también un símbolo, una más entre las piezas faltantes del patrimonio artístico cubano.

La otra dimensión de la película será su zona documental. Nuestra cámara registrará la rutina de Miñuca y Fernando, penetrará en sus vidas. De personas, lentamente, transitarán a personajes. El pretexto de la aparición misteriosa de algunos fragmentos de El mar los hará retornar a su pasado, pero no a la manera de recuerdos o remembranzas, sino en la forma de vívidos sueños.

En El mar (el nuestro) dos parejas de enamorados se sueñan entre sí, se hablan y sienten, a pesar de las barreras del espacio y el tiempo. Como si la misma historia de amor se contara dos veces. Dos visiones que se complementan en universos paralelos. Los jóvenes de la película censurada recorren las playas de un poblado en ruinas, en La Habana de principios de los 60. Deciden si partir o quedarse en una isla que se cae a pedazos. Los artistas que desandan las calles de Madrid y Barcelona, luego de sesenta años de exilio, han moldeado una vida que puede ser la respuesta. Ningún relato estaría completo sin el otro.

El mar, más allá del homenaje, es un filme personal, sobre mi generación y el presente que vivimos, amenazado por los mismos demonios que una vez condenaron a Miñuca y a Fernando: los extremismos ideológicos, la censura e intolerancia. La única forma de construir una Cuba (un mundo) mejor, hacia el futuro, es revisar, reescribir la historia: utilizarla como materia viva.

Así el ciclo del olvido llegaría a su fin: se lograría justicia, es decir, restitución poética.

Sobre el Residente José Luis Aparicio Ferrera

Fotografía de José Luis Aparicio Ferrera

José Luis Aparicio Ferrera (Cuba, 1994), cineasta, crítico y curador independiente.

Licenciado en Dirección de Cine por la Universidad de las Artes de Cuba (ISA). Ha dirigido los cortos de ficción El Secadero (2019) y Tundra (2021), y el mediometraje documental Sueños al pairo (2020).

Sus filmes se ha exhibido en festivales como Sundance, Locarno, Miami, BAFICI, Guanajuato, Curta Cinema, Lago, World Cinema Amsterdam, San Diego Latino, Minneapolis St. Paul, Monterrey, CineFestival San Antonio, Cheongju, Yubari Fanta y el Festival Cinematográfico Internacional del Uruguay. Ha sido premiado en Fantaspoa, Pendance, New Jersey, New York City Independent, Festival Internacional de Cine Austral y Bannabáfest.

Como crítico de cine creó la iniciativa Cine Cubano en Cuarentena (CCC), un esfuerzo colaborativo destinado a la preservación, investigación y exhibición del legado cinematográfico cubano. Ha escrito sobre cine para revistas como Rialta, Hypermedia, El Estornudo y Cine Cubano. También participó con tres artículos en la enciclopedia A Cuban Cinema Companion (2019, Rowman & Littlefield Publishers).

Entre 2018 y 2020 fue miembro de la junta directiva de la Muestra Joven, un certamen cubano para cineastas menores de 35 años. Trabajó como programador del II Festival de Cine Independiente de la Ciudad de México y actualmente se desempeña como curador en jefe del Festival de Cine INSTAR (Cuba).

Para INSTAR (Instituto de Artivismo «Hannah Arendt», institución fundada en La Habana por la artista visual Tania Bruguera) también está comisarió la exhibición Tierra sin imágenes (Land without images) para documenta fifteen (Kassel, Alemania), la mayor retrospectiva de cine cubano alternativo realizada hasta la fecha.

Fue miembro del Jurado Mezcal en el 33º Festival Internacional de Cine de Guadalajara y participó en la 3ª Residencia Internacional de Cine Castello Errante, organizada en Italia por Occhi di Giove y el Centro Sperimentale di Cinematografia de Roma. En 2019 fue nombrado entre los «Cien latinos que crean e inspiran un futuro mejor» por la revista Avianca de Colombia.

Actualmente está desarrollando dos largometrajes: el documental híbrido El mar y el proyecto de ficción Ismael. Recientemente fue invitado al programa Open Doors 2022 del Locarno Film Festival.

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