Saltar al contenido
Largometraje de ficción

El Nido

Eva Valiño

Fotograma de El Nido

Sinopsis

Dos niños indígenas de 12 y 6 años viven encerrados en el cuarto trastero de un piso de renta antigua en Móstoles. Su madre ha viajado con ellos de forma ilegal desde Ecuador, huyendo de los estallidos de violencia que azotan el país y los ha escondido por miedo a que se los quiten. Kancu (26) les explica a sus hijos, que al fin han llegado a un lugar en paz, donde estarán a salvo. Les da alimento y los cuida, pero la relación con ellos es fría y a veces violenta. Sobre todo, con la niña, porque la niña muerde. La mujer no conoce a nadie en España, tan solo al transportista que negoció el alquiler de la habitación. Este hombre es el único que entra de vez en cuando, regala caramelos a los niños y fuerza relaciones sexuales a cambio de guardar el secreto a los propietarios. Mientras follan, los niños se comen los caramelos dentro de la bolsa en la que viajaron escondidos. Y el resto del tiempo, pasan el día solos, atentos a cualquier ruido que anuncie la llegada de su madre. Todo puede ser ella. Y ella les ha dejado claro que no deben salir bajo ningún concepto. Con el tiempo, los hermanos dotan de alma, tanto a los objetos que los rodean, como los ruidos que les hacen compañía. Todo habla para ellos, todo está conectado por una profunda convicción de vida. Hasta que un día la madre no regresa más, el hambre crece y los niños se ven obligados a salir. Celso abre la puerta y junto a Oma recorren un pasillo largo. Juntos descubrirán un piso frío. Una cocina, una galería con ropa tendida y una mujer de mediana edad, de rostro dulce y amable que entra y sale de la única habitación caliente. Al principio, esa presencia humana será motivo de alegría, pero pronto se convertirá en algo distinto. La mujer no los mira, no los oye, no acusa la presencia de los niños a pesar de que estos la llaman. Celso y Oma utilizan el cuchillo, hacen fuego y se hacen cicatrices para que ella los vea, pero nada, ella no los ve. Tanto es así que Celso cree estar muerto junto con su hermana. Todo cambia el día que Encarna se tropieza sin querer con Oma y cae al suelo. Semi inconsciente y paralizada por el terror la mujer se dejará hacer todo lo que Oma necesita. Oma soba con la boca todo lo que encuentra, toma su pecho, se acomoda entre las axilas de ella. Encarna se dejará hacer hasta que Celso separa a su hermana a la fuerza. Celso la quiere para ella también, Encarna comerá lo que le dan los niños y poco a poco recuperará sus fuerzas. La relación entre los hermanos cambiará desde la aparición de Encarna y la pequeña irá reduciéndose a la mínima expresión. Hasta que un día llueve torrencialmente sobre el lugar en el que siempre hace caca Oma y una misteriosa flor tropical de color rojo brillante con forma de campana crece poderosamente.

Proyecto

El Nido aborda el duelo migratorio en clave fantástica, podría ser un documental de ciencia ficción ubicado en un piso de ochenta metros cuadrados, una caja de resonancia desde la que se percibe el presente como algo extraño. El mundo exterior entra, se digiere o es expulsado por lo orificios arquitectónicos del edificio; ventanas, puertas, pasillos y grietas, tanto como por los órganos o esfínteres de sus habitantes.

El Nido se hace en el cuerpo del que se ve obligado a abandonar y en el espacio del que se siente obligado a recibir. De esta forma, cuerpo y espacio se funden y confunden. El Nido indaga sobre la deformación del ser humano en cautiverio, es una fábula contada íntegramente en un solo espacio y está encarnada por personas arrancadas de su tierra, a la fuerza y obligadas dulcemente a permanecer escondidas. Sus protagonistas son dos niños indígenas ecuatorianos obligados a migrar y una mujer española que desde hace años vive sola, en una habitación.

El principio waorani del Sumak Kawsay o “buen vivir” que concibe la selva como ente vivo y por tanto sensible, será la enseñanza materna y la única compañía que guíe a los dos hermanos dentro de esas cuatro paredes. El deseo de imaginar y las creencias de un mundo dentro de otro crearán formas y deformidades impredecibles.

A su manera esta película intenta comprender lo que nos hace humanos, desentierra las raíces de nuestro instinto de supervivencia y observa la forma que tenemos de crecer en espacios cada vez más pequeños.

Sobre el Residente Eva Valiño

Fotografía de Eva Valiño

Tras graduarse como sonidista en la Escuela Internacional de cine y Televisión de San Antonio de los Baños regresa a Europa y empieza una larga carrera dedicada a la grabación de sonido directo en el cine, que le lleva a trabajar con directores como Iciar Bollain, Carla Simón, Jaime Rosales, Manuel Martín Cuenca, Isaki Lacuesta, Laurent Cantet, Marc Recha, Marcel Barrena, José María de Orbe, Viktor Kossakosvky, Mariano Barroso o Fernando Trueba, entre otros.

En la actualidad también trabaja como diseñadora de sonido y paralelamente se dedica al estudio y análisis de la banda sonora en el cine, impartiendo seminarios de expresión sonora en distintas universidades y centros educativos del país. En 2002 obtuvo el Premio Goya a Mejor Sonido por su trabajo en la película Te doy mis ojos, de Iciar Bollain. En 2023 es doblemente nominada a los Premios Goya y a los Premios Gaudí por las películas, Alcarràs y Un año, una noche de Carla Simón e Isaki Lacuesta respectivamente, ganando el Gaudí a Mejor Sonido por su trabajo en Un año, una noche como diseñadora de sonido.

Residentes

Otros residentes

Conoce a los 26 seleccionados que desarrollan sus proyectos con el asesoramiento de destacados cineastas en la sede de la Academia.

Ver todos los Residentes

Nacho Martínez
Nacho Martínez
Mísero de mí